Esta última semana, mientras participaba de una conferencia mundial organizada en Disney World en Orlando, tuve una visión de una organización grande y compleja que muchas personas no ven.

Cuando llegué, vi que Disney estaba anunciando castings para nuevos talentos. Disney World realiza operaciones enormes, y estoy seguro de que las contrataciones son constantes.

Vi muchas personas nerviosas, jóvenes de pie esperando a ser entrevistados. Se podría decir que con sólo mirar sus caras se podía notar que estaban bastante desesperados por firmar contrato con “The Magic Kingdom”.

De hecho, estuve pensando en aquellos solicitantes cuando leí un artículo en el Wall Street Journal sobre la repentina renuncia de Tom Staggs, Director de Operaciones de Disney. Staggs era el aparante heredero del actual CEO Robert Iger, quien tiene previsto renunciar en el verano de 2018.

De acuerdo con el Wall Street Journal y otros periódicos, la planificación de esta sucesión se había vuelto “caótica” cuando Staggs hizo su anuncio. ¿Qué podría motivar a una estrella en ascenso como Staggs, a “abandonar el barco” en una empresa de gran éxito como Disney, en un momento tan delicado como el proceso de planificación de la sucesión?

Resulta que Staggs no podría haber sido el heredero después de todo. Se supo que el directorio de Disney e Iger habían decidido ampliar su búsqueda para el próximo CEO del Magic Kingdom.

Esta noticia debió haber sido un gran choque para Staggs, y sin duda lo llevó a tomar la decisión de abandonar. Un movimiento así es una apuesta muy arriesgada, dado el impacto que puede tener en una organización tan grande.

Súbitas, y a veces inexplicables salidas de este tipo, pueden tener un efecto devastador en la moral de la empresa y en sus perspectivas financieras. El mes pasado, la transmisión del gigante de la música, Pandora (que cuenta con más de 80 millones de usuarios) anunció repentinamente que su CEO Brian McAndrews se iba.

Pandora sigue siendo una empresa tremendamente rentable. Aun así, las acciones de Pandora cayeron 10 por ciento el día que McAndrews partió.

Con apuestas tan altas, ¿Staggs tomó una decisión precipitada, o estaba actuando según su propio interés como líder empresarial? El quid de la cuestión es que cuando el directorio de Disney amplió su búsqueda, también estaba diciendo que había perdido la fe en Staggs.

Supongo que se podría haber quedado cerca. Pero tarde o temprano, sabiendo que no gozaba de la confianza de la junta, su confianza y también su juicio se habrían visto afectados.

Esa es la cruda verdad sobre la fe: cuando se pierde la fe en alguien, cruzamos una línea de la cual rara vez podemos volver. La pérdida de la fe en alguien o algo es como cerrar una puerta; perdemos todo interés sobre lo que se encuentra al otro lado.

En ese contexto, creo que Staggs probablemente tomó la decisión correcta. Él es un joven a sus 55 años, y sin duda conseguirá muchas oportunidades de liderazgo en otras organizaciones. Si hubiera elegido quedarse y participar del proceso de planificación de la sucesión, probablemente habría terminado perdiendo en la competencia por ser el próximo CEO, lo que podría dañar su marca como líder.

Una vez más, la terrible verdad del asunto es que no se puede ser un líder efectivo, si usted no cuenta con la fe de su organización.

Si sus superiores, su jefe directo o un directorio, no están seguros sobre su valor como líder, no creo que pueda hacer su trabajo. En última instancia, seguir adelante puede ser la mejor solución.

La fe y la confianza en el liderazgo es una de esas cosas que necesitan tiempo para ser construidas, pero también se pueden perder. Y una vez que se ha ido, no hay una solución mágica – ni siquiera en el Magic Kingdom – que le ayudará a conseguir de nuevo.

Por Vince Molinaro, Global Managing Director of Strategic Solutions de Lee Hecht Harrison

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