Esta semana leí sobre Warren Buffet y cómo identificaba las compañías en las cuales decidía invertir. Su estrategia era sencilla y en sus propias palabras decía: “Busco castillos económicos protegidos por fosos infranqueables”. Ese foso en el mundo de las inversiones es la ventaja competitiva que tiene una compañía sobre otra. A más grande el foso, la ventaja competitiva mejor protegida estará y más tiempo logrará perdurar.

Creo que la teoría de Warren Buffet puede interpretarse también a la luz de cómo invertimos en las personas. Las compañías buscan en los profesionales un retorno a su inversión y resultados a corto y a largo plazo. Contar con una ventaja competitiva sostenible en el tiempo hará que te elijan a vos antes que a otras personas, no solo en momentos de contratación sino cuando se piensa en un ascenso o en una asignación de proyectos. Tomando esto en cuenta, es importante entonces pensar, ¿cuál es tu ventaja competitiva que te hace diferente al resto?

Esa ventaja competitiva no incluye solamente las habilidades técnicas que tenemos, sino también las habilidades de liderazgo, y nuestras actitudes. Es un conjunto de elementos que hacen que nos diferenciemos del resto, que la compañía decida seguir invirtiendo en nuestro desarrollo y que quiera contar con nosotros en el largo plazo.

En un reciente estudio de LHH Global, encontramos que hay una serie de actitudes que diferencian a los mejores líderes del resto y son:

  1. Se enfrentan a problemas incómodos y toman decisiones difíciles. ¿Cuántas veces nos demoramos en tomar decisiones difíciles pensando que al pasar el tiempo, el problema también va a pasar? Un buen líder toma decisiones difíciles midiendo las consecuencias y permitiendo que los cambios se realicen lo más pronto posible
  2. Exigen a los demás tanto como se exigen a sí mismos. Los líderes que se destacan del resto, no actúan solos y exigen al resto el mismo nivel de responsabilidad, compromiso y determinación a sus equipos, no logran resultados actuando de manera individual sino como equipo.
  3. Se muestran optimistas sobre la empresa y su futuro. Tener una mirada optimista, sin caer en el círculo vicioso de la negatividad y buscando siempre nuevas maneras de hacer las cosas aun en los peores momentos, es una ventaja competitiva que permite ver soluciones aun cuando otros no las ven.
  4. Tienen una gran visión sobre las tendencias externas del entorno empresarial. Mirar afuera, entender cómo cambia el entorno, el sector, y salir del “así hemos hecho las cosas siempre”, marca la diferencia.

Determiná cuál es tu ventaja competitiva, trabajá en ella y reinvéntate constantemente para que así seas un recurso en el cual siempre quieran invertir.

Fuente: Jimena Mendoza, Gerente General – LHH – Perú

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