Fuimos criados para obedecer reglas. Desde la infancia, la “obediencia” era lo primero que nos inculcaban maestros que daban miedo. Nuestros padres, mucho más estrictos que los actuales, hacían hincapié en la importancia de seguir las reglas.
Cuando la escuela queda atrás y comenzamos nuestra vida laboral, aparecen nuevas reglas. La mayoría tienen sentido y propósito. Otras, simplemente, existen.

Es curioso como en el mundo empresarial la mayoría de las restricciones son acerca del manejo de dinero: no cualquiera puede autorizar una compra pequeña (como por ejemplo el almuerzo de un equipo de trabajo), y sin embargo, instalar nuevas políticas o reglas es algo que cualquier supervisor puede hacer en cualquier momento y sin mayores complicaciones.
Lo irónico es que las reglas y políticas pueden costarle a la empresa mucho más que dinero, pero nadie lo nota porque el costo no es en billetes, sino en tiempo, burocracia y eficiencia. ¿Quién puede preocuparse por su trabajo tanto como quisiera si a cada paso hay que pedir autorización y frenar procesos hasta obtener permisos?
Si analizamos cualquier manual o reglamento corporativo, notaremos que la mitad de las reglas son innecesarias. Son para control y nada tienen que ver con la seguridad o la efectividad.
Si quieres tener éxito en tu carrera (y en la vida), tendrás que romper algunas reglas. POr supuesto que nos referimos a reglas obsoletas y que nada tengan que ver con herir, robar o lastimar a nadie intencionalmente.
LA forma más común de romper las reglas es de a poco, por uso y costumbre. LA norma cae en desuso y se intala una nueva.
5 Reglas a Cumplir:

1. Sigue la regla dorada: Es la norma que nos enseña a tratar a los demás como quisiéramos ser tratados.

2. Seguridad ante todo: sigue SIEMPRE las medidas de seguridad o de emergencia que hayas aprendido, te haya inculcado un mentor o dicte tu empleador. No corras riesgos, menos en cuanto a seguridad se refiere. Si hay una puerta con llave, una entrada cerrada, no eres tú quien decide si se abrirá y si puedes ser tú el causante de un problema.

3. Confidencialidad: Siempre mantén la discreción. Tendrás contacto copn información delicada y debes manejarla con cautela. No se puede perder un valor tan importante como la confianza. Cuida y reneuva tus contraseñas, no las compartas. No des fácil acceso a la información que sabes que es confidencial. Una filtración en ese sentido, puede costar muy caro.

4. Manejo de dinero: Debes ser prolijo al extreme en lo que a dinero se refiere. Registra cada movimiento al detalle (aunque incluya centavos). Un descuido en los gastos, demoras en los pagos, cuentas que no cierran, hacen tambalear organizaciones enteras. Se meticuloso con los registros financieros tanto en tu trabajo como en tu vida personal.

5. Ética: sigue el código que tu organización establece. No querrás que nadie custione jamás tu ética. Ten cuidado con los conflictos de intereses que puedan surgir y siempre presta mucha atención a las políticas de acoso sexual y comportamiento social en el trabajo. Tu reputación es muy importante; no des motives para que sea derribada.

5 Reglas a romper:

1. Quiebra, tuerce, estira todas aquellas normas que sean de cuestiones menores como por ejemplo, el código de vestimenta, la manera de atender el teléfono, el estilo de redacción de emails; intenta generar el cambio en cuanto a infracciones y castigos inncesarios.

2. Rompe con todas las reglas que hacen a la uniformidad en la comunicación (salvo que haya medidas de seguridad o confidencialidad en juego). Muchos empleadores todavía definen exactamente cómo quieren que sus empledos atiendan el teléfono (y no es sólo en los call centers, sino ¡en todas partes!). Hay empresas que todavía tienen escrito en sus códigos de vestimenta que las mujeres deben usar faldas y pantimedias para ir a trabajar. Como ésta hay miles de reglas escritas que perdieron vigencia. Tú puedes colaborar con tu actitud, para que sean desterradas.

3. Si hay una falla de seguridad, peligro o riesgo en tu trabajo, sin importar protocolos, haz sonar la alarma. Pide ayuda, cuéntale a alguien; rompe con esa norma tácita de “no contradigas a tus superiores, no pases por encima del escalafón”. Sí, puedes ser sancionado, pero ¿qué importa más: quedar bien o la seguridad?

4. No permitas que te pongan un “bozal”: rompe con toda norma que impida comunicar si algo falla. Olvida la cadena de mando: si hay información importante, no importa si concierne a un cliente, un empleado o un vendedor. Si haces lo humanamente correcto, tu empleador comprenderá por qué has quebrado las reglas. Y si no comprenden, siempre puedes acuduri a las redes sociales para contar lo que ocurrió. Seguro que otro potencial empleador ya te tiene en la mira para reclutarte.

5. Rompe toda aquella regla que sea ilegal o discriminatoria en forma velada: puede que no esté escrita, como “Sólo contratamos personas de cierta edad, o cierta apariencia”. Quiebra la norma y también habla de ello, con tus colegas, con tu jefe y hasta con Recursos Humanos. La única forma de cambiar las cosas es haciendo algo. Si odias tanto las normas de tu empleo que impiden tu capacidad de continuar, no tomes medidas drásticas, sino mejor, comienza una búsqueda laboral en siglo

Muchas personas prefieren quedarse y luchar por hacer un cambio donde están. Hay sistemas completamente obsoletos que se están desmoronando en grandes instituciones gracias a estos “rebeldes rompe reglas”. Quizás sea el momento de que te atrevas quebrar algunas normas, trabajarás más felíz. No quieras cambiar el mundo, empieza por un paso a la vez…

 

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