A lo largo de nuestra vida profesional casi todos habremos pasado por algún proceso de fusión, absorción o integración de empresas. Independientemente de sus características, no cabe duda de que existe un antes y un después de la fusión, con un proceso intermedio de largas semanas, meses, o a veces años, acompañados por un fuerte aumento de los niveles de estrés.

Todo cambio genera estrés pero esto nos pone en alerta para hacer frente a la situación de manera resolutiva. Un grado excesivo merma la confianza en nuestras competencias habituales y nos bloquea para la acción o, incluso, para la reflexión. El nivel de resistencia positiva al estrés es esencialmente individual, subjetivo y variable dependiendo de cada momento. Cuanto mayores sean los riesgos de perder responsabilidades o continuidad en el empleo, más inseguridad sentiremos.

En todos los casos, no nos servirá de nada concentrarnos en un eventual despido o en la pérdida de confianza. Probablemente se producirán duplicidades y será necesaria una reestructuración, pero también habrá nuevas oportunidades, ampliación de responsabilidades, posibles movilidades funcionales y/o geográficas, y renovación de la red de contactos.

En estas situaciones, los que guardan la calma y mantienen su profesionalismo tienen muchas más probabilidades de no resultar afectados.

No tiene ningún sentido que te dediques a transmitir críticas o comentarios negativos sobre la situación. Una vez comunicada la fusión, sólo te serviría para generar discusiones, ser mal visto y perder tu motivación. No gastes tiempo en la crítica: te restará concentración para adaptarte a un nuevo jefe, nuevos colaboradores, compañeros, entorno, cultura y objetivos.

Mirada de futuro

A partir de estas posiciones iniciales y de la necesidad de concentrarte en tu trabajo, en la consecución de tus objetivos o de tus resultados, probablemente sea adecuado que inicies un proceso de reflexión y desarrolles algunas acciones para reorientar tu carrera.

En esta línea, la directora de Desarrollo de Talento de LHH Argentina, Marcela Lomba, señala: “antes de tomar decisiones, valorá toda la información disponible (a través de tu jefe, o del director de Recursos Humanos), aunque de forma discreta y sin resultar redundante. Preguntá e indagá: obtené la máxima información posible y tratala con discreción y reserva.”

Además Marcela destaca que “si figurás en la lista de ´los que se quedan´, la nueva organización resultante valorará que demuestres tu ilusión y aportes tu experiencia. Si tenés una función directiva, que participes activamente en la definición de la nueva estrategia, los objetivos, la integración de los equipos, etc.”

Por otra parte, la directora de Desarrollo de Talento de LHH Argentina, recuerda que si no te ofrecen una nueva oportunidad “asumí el tema de forma positiva y hacete responsable del devenir de tu carrera. Ponete en marcha lo más rápidamente posible pero sin “salir disparado”. Hacé un diagnóstico de tu perfil profesional, definí un objetivo realista e iniciá tus acciones de búsqueda. Tené en cuenta que así conseguirás reducir tu estrés y que tenés la ventaja de no tener que dar largas explicaciones sobre las causas de tu salida”.

Como todas las circunstancias que ocurren en nuestra vida, esta situación también tiene sus aspectos positivos. Sea cual sea la lista en la que tu nombre aparezca, esta es una excelente oportunidad para establecer y consolidar una nueva red de contactos, hacer nuevos amigos, disolver viejas enemistades y configurar nuevos roles, renovar viejas ilusiones o estrenar nuevas identidades, haciendo aquel giro de carrera que no te animabas a dar.

La forma en que gestiones el proceso redundará directamente en tu imagen como directivo/a e impactará en la motivación de tu equipo de trabajo. Si sos uno de los afectados, tomá nota de que también en este tipo de situaciones se pueden conseguir resultados positivos y avances en tu carrera. Aunque el resultado final estará influido por circunstancias ajenas, también dependerá de cuál haya sido tu actitud en el proceso.

 

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