No hay dos directivos iguales como no hay dos personas iguales. Cada uno tiene su estilo, su personalidad, su manera de gestionar, su manera de liderar los equipos. En definitiva, cada persona tiene unas competencias que lo diferencian.

Hay competencias inherentes a las personas, pero otras hay que se pueden desarrollar de forma consciente. Por tanto, puedes aprender a liderar mejorando tus habilidades y capacidades de gestión, pero teniendo siempre la actitud adecuada. Porque una cosa es intentar ejercer el liderazgo (mandar un equipo y esperar obediencia) y otra muy distinta que el líder sea reconocido y seguido por el resto.

Hoy destacamos tres competencias la estrategia, la proactividad y la empatía cuyo desafio diario nos ayuda a mejorarnos, como siempre tanto en los personal como en el desarrollo profesional.

Estrategia: Un líder debe ser capaz de detectar las debilidades y las fortalezas del grupo, analizarla en su conjunto para poder sumar las diferentes capacidades y poder ofrecer más soluciones ante un determinado objetivo. También debe tener una visión de futuro y compartirla con el equipo.

Proactividad: Es la capacidad para adelantarse a los acontecimientos y proponer nuevas estrategias que fomenten el dinamismo y eviten el estancamiento. Un líder debe estar siempre activo y saber encontrar nuevas ideas, soluciones o alternativas cuando sea necesario.

Empatía: Es la capacidad de ponerse en el lugar de los componentes del equipo. Es decir, de entender lo que sienten los otros para reconocer situaciones que les afecten, con el fin de ayudar a superarlas y de fortalecer la relación en el grupo.

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