Siempre me atrajo la mitología griega porque narraba en forma elocuente la condición humana de la época. Resulta interesante cuántos de esos textos antiguos siguen siendo relevantes y no han perdido vigencia en nuestro mundo actual.

Un tema prominente y recurrente en esas historias antiguas, es la idea de la arrogancia o, “Hibris” (también pronunciado Hubris en Helénico). Los griegos la definían como el castigo que imponían los dioses a aquellas personas que, por orgullo, vanidad, o pasión exagerada, transgredían los límites y comenzaban a sentirse poderosos como dioses.

La Hibris era una falla en el carácter de las personas con poder, cuya arrogancia era tal, que se desconectaban de la realidad. Los antiguos pensadores griegos advertían que no se debía sucumbir a Hibris.

Adelantémonos miles de años hasta nuestra actualidad y notaremos que la Hibris sigue tan vigente como lo era entonces. Es un desafío que todo líder debe enfrentar (especialmente aquellos que detentan mucho poder). Incluso en el campo de la neurociencia, se comprobó que cuando uno es consumido por el poder y padece el síndrome de Hibris, queda un daño cerebral permanente.

Un artículo reciente de la revista “The Atlantic” señaló que los investigadores de la Universidad McMaster (mi alma mater) de Ontario, descubrieron que los cerebros de las personas poderosas sufrían de una actividad neural disminuida relacionada con la empatía.

El neurocientífico Sukhvinder Obhi examinó los cerebros de personas poderosas y no poderosas usando una máquina de estimulación magnética transcranial. Encontró que las personas poderosas tenían un impedimento del proceso de “espejo” que la neurociencia ha identificado como “piedra angular de la empatía”.

¿Estamos destinados a padecer el Síndrome de Hibris?

El artículo señaló que estos datos científicos parecían corresponder muy estrechamente con datos anecdóticos recopilados por investigadores como Dacher Keltner, psicólogo de la UC Berkeley. Su investigación encontró que los sujetos con acceso al poder “actuaban como si hubieran sufrido una lesión cerebral traumática, haciéndose más impulsivos, menos aversos al riesgo y menos adeptos a ver las cosas desde el punto de vista de otras personas”. Digamos, menos empáticos.

Es fácil encontrar ejemplos sacados de los titulares y de mi propia experiencia trabajando cara a cara con algunos líderes muy poderosos. Es muy común hallar líderes que parecen despreocupados acerca de las consecuencias de sus acciones, completamente inconscientes de que el mundo se desmorona a su alrededor.
Algunos investigadores creen que esta condición califica de síndrome, y allí nace el término “Síndrome de Hibris”. Publicado por primera vez en 2009, en “Brain”, una revista de neurología, se describe como “un trastorno de la posesión de poder, en particular el poder que se ha asociado con éxito abrumador, celebrado durante un período de años y con mínima limitación en el líder “.

La combinación de todas estas investigaciones y datos plantean una pregunta crítica para todos los líderes: ¿Están destinados a convertirse en víctimas del síndrome Hibris a medida que aumenta el goce por el éxito y el poder?

Creo que podemos tomar medidas para evitarlo. Comienza en la madurez del líder. Es fundamental tener calidez, compasión y empatía por el prójimo. Pero, hay líderes que jamás llegan a madurar y se comportan como niños. Son propensos a los berrinches o agreden a las personas que los rodean.

¿Cómo hacen los líderes para manejar su poder y evitar caer en el síndrome de Hibris? Algunas cosas a tener en cuenta:

Primero: como los estudios demuestran, es fundamental tener calidez porque permite la existencia de la compasión y la empatía.

Segundo: rodéate de personas que tengan el coraje de frenarte (tanto en casa como en el trabajo). Nunca se es lo suficientemente poderoso o importante para contribuir en las tareas más mundanas.

Por último: Madurez personal. Si se quiere ser un líder responsable, allí está la clave. Con mentalidad abierta, feedback constante e introspección, uno puede afrontar las cosas con madurez. Pregúntate: ¿Estoy actuando como niño o como adulto?

En el Gut Check de esta semana preguntamos: ¿Sucumbes al síndrome de hibris?

Fuente: Vince Molinaro – Global Managing Director, Líder de Estrategias para Lee Hecht Harrison.

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