Si buscas la palabra “productividad” en Google, aparecerán al menos 29 millones de resultados. Entre ellos, blogs, aplicaciones, consultoras en RR.HH, páginas web, todos dedicados al arte de la eficiencia.
La obsesión de nuestra sociedad moderna por hacer más, es apenas equiparable con nuestra exigencia por hacerlo mejor, más rápido, más difícil, más intenso. Exigimos nuestros motores a máxima potencia, abarrotamos nuestra agenda de tareas y nos sentimos culpables si distraemos nuestra atención un momento para responder el llamado de un amigo o leer un libro por simple y puro placer. La ironía es que, la obsesión por ser productivos genera más daño que beneficio.

La adicción a la productividad es real. Existe. Genera las mismas conductas que todo comportamiento adictivo. En términos clínicos, la adicción sucede cuando se genera una dependencia o compulsión hacia algo que genera placer pero su uso continuo interfiere con el desarrollo de la vida cotidiana. La mayoría de los adictos no sabe que lo son hasta que pierden por completo el control.

¿Quieres saber si tu obsesión por producir más se está tornando una adicción? Responde estas preguntas:

• ¿Eres muy consciente de los momentos en los que “pierdes el tiempo”? ¿Te castigas por ello?
• ¿Dependes de la tecnología para optimizar tu gestión del tiempo?
• ¿Tu tema de conversación suele ser acerca de cuan atareado estas? Crees que presionarte es bueno mientras que hacer menos es síntoma de vagancia?
• ¿Chequeas frenéticamente tu casilla de correo electrónico y sientes que el teléfono es casi una extensión de tu cuerpo?
• ¿Te sientes culpable si sólo logras tachas un item de tu lista de tareas? ¿Te quedas despierto por las noches pensando en cosas relacionadas con el trabajo?
• ¿Envidias a tu colega cuando cuenta que finalmente comenzará ese proyecto que pospuso por meses cuando, en realidad tú también pospones y te jutificas diciendo que estás sobrecargado de tareas?

Admitir y reconocer que tienes una obsesión por ser productivo, es el primer paso para resolver el problema. Si has respondido “sí” a las preguntas anteriores, deberías considerar quitar el pie del acelerador, disminuir la velocidad o te estrellarás contra el muro de la ambición.

¿Cómo “tratar” esta adicción? Aquí, algunas sugerencias para comenzar:

Recodifica tu diálogo interior:
“Si te queda trabajo pendiente no deberías salir esta noche”, ¿Te resulta familiar? O ¿Qué hay de esto?: “Si no te ascendieron todavía, es porque no aprovechas el tiempo; desperdicias tu esfuerzo”. La próxima vez que tu voz interior sea tan crítica, ¡contéstale! No te flageles pensando cosas negativas como “no soy lo suficientemente bueno”, ese tipo de pensamientos son destructivos.

Aprende a decir ¡NO!
¡Deja de recargarte de tareas por complacer a los demás! La culpa y el deseo de “cumplir con todos” no te benefician en nada. Aprende a decir que no a toda responsabilidad que no favorezca tu crecimiento personal o profesional.

¡Deja de hablar y actúa!
Deja de hacer lista tras lista de planes ambiciosos y, de una buena vez, ¡Haz algo! Porque, al final del día, lo que cuenta no es solo la idea, sino las acciones que llevas a cabo para realizarla. Resiste el hábito de quejarte (o de alardear) sobre cuán ocupado estás. No importa si te quejas en 140 caracteres en Twitter, o cerveza en mano, con tus compañeros de after office: no necesitas que otros validen tu productividad.

Tiempo libre, tiempo de recarga
Puede que sientas que pierdes el tiempo si no eliminas pendientes de tu lista, pero en realidad, ocurre lo opuesto: las mejores ideas surgen en esos momentos en los que tu menste está despejada. Por lo que, deja de obsesionarte clasificando emails y dale a tu cerebro un recreo.
Gretchen Rubin autora del libro “Objetivo: Felicidad”, sugiere que para formar hábitos saludables, una de las cosas que ella hace es no mirar su celular mientras camina o conduce hacia alguna parte, para “liberar espacio de disco en su cerebro”. ¡Inténtalo!

Acostúmbrate a “lo justo y necesario”
Muchas veces, por querer maximizar tu productividad caes en el “multitasking” que, irónicamente, te torna improductivo. Mejor, focalízate en hacer una cosa a la vez. Emplea únicamente la información y concentración necesaria para la tarea en cuestión. A esta técnica se la conoce como aprendizaje “just in time” (aunque su traducción es “justo a tiempo, este término hace referencia a emplear la energía justa y necesaria para no desgastarse y siempre tener reserva). Este enfoque sugiere que uno no debe acumular información, ni saber resolver todo; se pierde tiempo y esfuerzo en vano. Uno debe dedicar su atención a lo que sabe, y no dispersarse con multiplicidad de tareas simultáneas, sino ocuparse de un problema a la vez.

Por supuesto que no hay que avergonzarse por querer ser productivo. Pero, hay tanta presión social por hacer más, dar más, aspirar a más y todo cada vez más rápido, que si no somos capaces de seguir el ritmo, sin pausa y a toda prisa, nos “quedaremos fuera”. Y a fin de cuentas ¿para qué sirve tanta exigencia?

No pierdas de vista lo que realmente importa en la vida. Atesora y disfruta de los pequeños placeres del día: sea del aroma del café recién hecho por la mañana, o del sol que se cuela entre los árboles en el camino a tu trabajo. No postergues tu vida por trabajo que puedes dejar para mañana.

Fuente: Melody Wilding, coach de mujeres de alto rendimiento, miembro de la National Association of Social Workers, y colaboradora de Forbes.

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