Por Marcela Lomba, Directora de Desarrollo de Talento de Lee Hecht Harrison Argentina

Alguien lanza una noticia falsa y se disemina por las redes sociales. Un objetivo personal, social, político o económico, o una mezcla de todos, comanda la iniciativa.  Lo que caracteriza a las llamadas “noticias falsas”(fake news) es que la falsedad no es un atributo accidental, sino algo absolutamente premeditado con el objetivo de generar determinados efectos.

Las noticias falsas encienden pasiones, aceleran el “compartir” en las redes y llaman a la indignación colectiva, el combustible que enciende el fuego de emociones sociales violentas.  Cuando se desmienten, las desmentidas no se difunden con la misma rapidez ni profundidad, lo que es obvio, porque ¿a quién le gusta admitir que se equivocó, que es un ingenuo o, peor aún, un mentiroso?  Admitirlo tiene un costo social y callar, no.  Por otro lado, la catarata de emociones ya se desató y no tiene vuelta atrás.

Vince Molinaro cita el  estudio “The spread of true and false news on-line” publicado recientemente por la revista Science, que luego de analizar, 126.000 historias en Twitter, producidas por cerca de 3 millones de personas entre 2006 y 2017, confirmó que las noticias falsas se difunden con mayor rapidez, alcanzan mayor distancia y se diseminan con mayor amplitud que las verdaderas.

Los efectos son más pronunciados en el caso de noticias falsas relacionadas con la política que con otros temas. Además, las noticias falsas suelen ser más recientes que las verdaderas, lo que sugiere que las personas se entusiasman por compartir información nueva.  Estudiando las respuestas, hallaron que las noticias falsas inspiran temor, disgusto y sorpresa, mientras las verdaderas generan tristeza, alegría y confianza.

¿Es verdad que los efectos indeseados de las redes sociales están para quedarse?

En las organizaciones, a menor escala, también sucede.  ¿Cómo puede una organización detener o al menos a aminorar, los efectos de las noticias falsas?  ¿Qué condiciones resultan proclives para su proliferación, y qué incentivos reciben las personas para actuar así?

Las noticias falsas encuentran terreno fértil cuando reina la falta de comunicación o el silencio. En momentos de incertidumbre política u organizacional, los corrillos informales operan como fuente de información confiable sobre todo si la organización, el número uno o los propios jefes de las personas no están comunicando nada que resulte verosímil o significativo. Las declaraciones falsas y vacías, de buenas intenciones pero inocuas, o a veces incluso contradictorias, contribuyen a la sensación de no comunicación. Resulta mucho mejor si los líderes se toman el tiempo para sentarse un rato con cada equipo y simplemente escuchar y contestar de manera sincera y directa de acuerdo con lo que saben y pueden decir. Esto contribuye a disipar fantasmas y refuerza el compromiso y la cercanía.

Una segunda acción es estar atentos a las habladurías, identificarlas y enfrentarlas con la verdad. Estar dispuestos a chequear los datos, a separar opiniones de hechos y a “evangelizar” el pensamiento crítico. Esto requiere dedicar tiempo y esfuerzo, pero el profesionalismo hoy más que nunca se distingue, no por acumular y diseminar información, sino por ser capaz de distinguir lo verdadero de lo falso y lo relevante de lo irrelevante.

Existe una condición inherente a la tecnología y al uso masivo de las redes sociales que contribuye a la difusión de las noticias falsas: los llamados “filtros burbuja” y el efecto “cámara de eco.

Dejamos a nuestro ciberpaso cantidades infinitas de datos sobre nuestros comportamientos, likes, consumos, y otras muchas huellas. La ciencia de datos y las redes sociales hacen el resto y así es como cada vez aparecen en nuestra pantalla más contenidos y personas afines a nosotros y desaparecen las que piensan distinto, las que no nos atraen o las que nos resultan indiferentes. Y la puntería se va afinando con el tiempo.  Como además, tendemos a pensar que lo que vemos es la realidad, nuestra pequeña burbuja se transforma en nuestro mundo.

Y dentro de ella, las redes sociales como Twitter, Facebook o Instagram contribuyen al acelerar el movimiento, gracias al comportamiento humano llamado “homofilia” (amor por lo igual), que es la tendencia a interactuar más con quienes somos más afines.  Debido a la facilidad con que hoy encontramos en el universo personas con nuestras mismas aficiones, gustos y opiniones, la homofilia potencia la burbuja y nos crea la falsa ilusión de que todos piensan como uno.  El efecto “cámara de eco” se genera cuando entra una noticia en una burbuja, o es creada en su interior, y rebota en sus paredes muchas veces, siendo retransmitida por quienes están dentro. Pero si por accidente, o gracias a esas personas “puente” que pertenecen a grupos diferentes de afinidad, sale de una burbuja y entra en otra que no es tan afín, no será diseminada con la misma velocidad y el eco irá perdiendo fuerza.  Los estudiosos del comportamiento han llamado a este efecto “sesgo de confirmación”: prestamos más atención a aquello que confirma lo que ya pensamos y filtramos lo que se opone a ello.

Lo cierto es que en la era de mayor facilidad para la comunicación de la historia, estos vicios y trampas hacen que las grietas entre las comunidades de personas sean cada vez más profundas, más extendidas y más numerosas. Y que el esfuerzo por lograr el entendimiento y la empatía deba ser mayor que nunca. Aunque implique salir de la burbuja, chequear información y sostener conversaciones difíciles.

1 comentario
  1. Avatar
    Javier Dice:

    Muy interesante Marcela!
    Hay una “terapia preventiva”, que consiste en tratar de ser un líder confiable. Generar confianza. Las fake news en general atacan (o se refieren) a aspectos oscuros del target. Hilary C. tenia muchos “flancos débiles” en este sentido y las fake news se hicieron un festín con ella. Un líder que se ha manejado con transparencia durante su vida profesional, es menos vulnerable a este tipo de ataques.
    Las fake news necesitan un “sustrato” para desarrollarse y la opacidad de un líder brinda uno bien nutritivo, que sumado a la oportunidad correcta pueden generar una avalancha.

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