Latinoamérica, al igual que en el resto del mundo, la brecha salarial entre hombres y mujeres persiste a pesar de la atención que el tema recibió a nivel internacional.

Las mujeres tenemos un sentido de intuición muy desarrollado. Nosotras intuimos -correctamente- que si un hombre pide directamente un aumento de sueldo, es totalmente aceptable, pero si nosotras tratamos de negociar directamente, somos percibidas como presuntuosas, complicadas y atrevidas.

En términos de sueldo, esto se traduce de forma sutil, pero palpable cuando una mujer trata de negociar una alza.

Algunas herramientas básicas:

Se debe asumir que todo es negociable. No sólo pensar en el sueldo. A veces los beneficios, las vacaciones y la opción de horarios flexibles es más importante que negociar una mejora de sueldo.

En vez de negociar como hombre (o sea directamente), es preferible hacerlo como las mujeres mejor sabemos hacerlo- creando un sentimiento de inclusividad.

Olivia Jaras, dice: un hombre puede llegar y decir fríamente “quiero que me paguen x porque eso es lo que valgo.” Una mujer tiene que decirlo de otra forma para ser igual de persuasiva. Por ejemplo: “Me encanta el trabajo que están haciendo aquí. El equipo es muy eficiente y la estrategia muy bien implementada. Yo quiero ser parte de esto, creo que puedo contribuir al crecimiento de este equipo, me veo ayudando a sacar adelante la estrategia. Pero en verdad necesito su ayuda porque el sueldo mínimo que puedo aceptar es x.”

Lamentablemente, la realidad es que tenemos que suavizar el campo de una manera en que los hombres no tienen que hacerlo.

No echar marcha atrás cuando haya un silencio. Las mujeres tenemos la tendencia de ser las primeras en rellenar silencios incómodos con concesiones. Estos silencios están diseñados para hacernos caer y perder todo empoderamiento que teníamos de entrada. Esto toma práctica, pero el no reaccionar ante un silencio nos puede dar mucho poder en una negociación.

Darse cuenta que las negociaciones pueden tener resultados a largo plazo. Un “no” ahora, no quiere decir no más adelante también. Si un jefe dice que no puede subir el sueldo ahora, preguntar si pueden trabajar juntos para llegar a tal número (el valor de mercado). Esto implica hacerlo participe en proceso.

En caso afirmativo, preguntar que es lo que se necesita para llegar a tal número y cuánto tiempo tardarían en trabajar juntos para lograrlo. Por lo general, si tu jefe te nota motivado con salir adelante, él/ella tiene un mayor incentivo para sacarte adelante.

Ante una renegociación, no tomar al jefe desprevenido, por ejemplo, haciéndose el café de la mañana o camino al baño. Darle tiempo para prepararse ante la conversación que se viene. Asegurarse de pedirle tiempo de antemano para discutir las oportunidades de crecimiento dentro de la compañía.

Lo más importante a la hora de realizar cualquier negociación es, diseñar una estrategia y no presentarse ante el jefe/la jefa sin un plan bien estudiado.

No improvisar, sino fundamentar el plan de acción teniendo como base las habilidades y destrezas con las que se cuenta. Hay que demostrarle al interlocutor que tenerte como parte de su equipo le dará un mayor alcance a la compañía en el corto, mediano y largo plazo.

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