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Es habitual pensar que las personas tienen la cabeza fría y se centran en los datos cuando toman decisiones, pero los investigadores están descubriendo que la verdad es más compleja: los mejores líderes acuden más a sus emociones que a la lógica.

Roderick Gilkey, profesor de Psiquiatría de la Universidad de Emory, realizó un estudio para analizar qué sucede cuando los ejecutivos toman decisiones estratégicas. Preveía ver mucha actividad en la zona del cerebro donde reside la planificación y los razonamientos lógicos, pero encontró mucha más en las áreas relacionadas con el pensamiento social y emotivo. De hecho, los mejores pensadores mostraron niveles mucho más altos de actividad en esas zonas.

“La conclusión es que los grandes estrategas son capaces de calibrar el impacto emocional de sus decisiones en lugar de usar exclusivamente la lógica”, indica a The Wall Street Journal David Rock, director del NeuroLeadership Institute.

Tener la capacidad de analizar un problema a través de los ojos de otra persona es tan importante como analizar los datos.

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