Estoy preparándome para reunirme con un grupo de Gerentes Regionales de una importante entidad bancaria, para hablarles acerca de la importancia de la resiliencia. No están interesados en los principios básicos porque, luego de años de conflicto y cambios, ya los conocen; lo han vivido. Están en otro nivel, en el que necesitan aprender los secretos no ya para sobrevivir, sino para prosperar ante el cambio.

La palabra “resiliencia”, está de moda pero su significado no es tan conocido. Si le preguntas a alguien que no es resiliente su significado, probablemente responda que se trata de una cualidad innata de la que carecen. Pero aquellas personas verdaderamente resilientes no creen que haya un gen para la fortaleza mental. Ven a la resiliencia como un proceso, un modo de pensar y actuar que les permite afrontar la adversidad. La resiliencia está ligada al comportamiento no a la forma de ser.

Ahora que sabes que tienes el poder para ser más resiliente, aquí brindamos algunos consejos que puedes poner en práctica: 

Elije, cada día, estar donde estás. Suena demasiado simple, aunque no lo es y es una noción importante. Si sientes que en tu empresa te imponen una ilógica presión por adaptarte al cambio, entregándote montañas de trabajo que no estás dispuesto a escalar, entonces estarás mentalmente programado para sentirte agobiado desde el principio. Si en cambio, te levantas cada mañana eligiendo ser parte del cambio, enfrentar los desafíos de cada día dando tu mayor esfuerzo; serás un agente partícipe del cambio y no una víctima de él. Ese es el primer paso para el desarrollo de la resiliencia.

El paso siguiente involucra dar muchos pasos: estar en constante movimiento. Buscar acciones de bajo impacto pero alta frecuencia. De modo tal que cada acción no resulte abrumadora, sino un cúmulo de pequeños pero notorios progresos. No desesperes si notas que queda mucho trecho por andar, concéntrate en hacer que cada paso valga. De vez en cuando, detente a mirar por el “retrovisor” cuán lejos has llegado.

Piensa más allá de tí: Enfócate en lo que estás aprendiendo y en el privilegio de liderar a otros ante los desafíos. A veces es difícil encontrar la energía suficiente para comportarse en forma positiva, pero en esos momentos, sirve recordar que hay otros que cuentan contigo. Cuando sientas que estás por colapsar, piensa en todos aquellos que te observan y esperan que los guíes hacia el próximo paso. Siéntete orgulloso de tus logros y progresos. Ten en cuenta que todo desafío es un aprendizaje: “Antes no me habría animado a…” o “Ahora entiendo cómo hacer para…”.

Un cuerpo en constante movimiento no desarrolla resiliencia. Ten en cuenta cuán cuidadosos son los atletas al incorporar el descanso en su entrenamiento. Es en reposo que los músculos sanan y crecen. En el descanso el cerebro compila la información recogida y la transforma en conocimiento. Para desarrollar la resiliencia debes dejar espacios en blanco en tu agenda semanal: sea que cierres la puerta y no respondas llamados por un rato, o conversando con tu equipo de manera informal, o tomando un breve recreo entre reuniones. Estos momentos de descanso, son tan importantes para tu rendimiento como lo son las ocupaciones.

Mientras intentas convertirte en Superman o La Mujer Maravilla, tomáte un momento para escuchar a tu cuerpo cuando te pide un descanso. Dormir, una dieta sana, tiempo de calidad con los afectos y los hobbies no son indulgencias (más allá de la cantidad de ceros que tenga tu salario); sino que son el combustible para tu máquina, esa máquina por la que tu compañía paga esa cifra.

Cambia tu lenguaje. En lugar de decir: “Estoy tan ocupado que no puedo hacer…”, di: “Estoy tan ocupado que no puedo no dejar de hacer…”. Especialmente en cuanto a relaciones se trata, invertir tiempo en ellas, desarrolla la resiliencia. Contar con gente a la que puedas acudir en busca de apoyo es de suma importancia.

Por último, puede que quieras evitar confrontar con situaciones difíciles, pensando que se resolverán con el paso del tiempo. Gran error: crees que evitarás el estrés y el desgaste que eso genera pero, lo que realmente produce el desgaste es la preocupación y la ansiedad de tener situaciones irresueltas. Para ser resiliente, encara el problema e intenta resolverlo en forma eficiente. De ese modo, no desperdiciarás energía.

Estoy muy entusiasmada por reunirme con estos gerentes regionales porque tengo un gran mensaje para compartir con ellos. La resiliencia está al alcance de la mano. No es una cualidad con la que se nace, sino que se hace. La resiliencia no se trata de un único gran esfuerzo, sino la suma de pequeñas acciones. Desarrollar la resiliencia no es correr a máxima velocidad sin parar, el descanso es un factor tan importante como el movimiento.

¿Qué acciones tomarás para desarrollar tu resiliencia?

Fuente: Tammy Heermann. Vice Presidente Senior, Soluciones Estratégicas de Lee Hecht Harrison R.U.

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