Si busca la palabra “confianza” en el diccionario, es probable que, junto con la definición, aparezca la foto del actor Daniel Craig, conocido por su papel del famosísimo y galante espía, James Bond. Sin importar quién interpretara al agente secreto, Bond siempre fue un personaje que exudó confianza. Sin embargo, en la piel de Craig, esa confianza traspasa la pantalla: de mirada férrea y sin fisuras, la seguridad que despliega en su más reciente film, “Spectre”, no tiene comparación en los anales de la franquicia.

Es importante destacar que el Bond de la era Craig no es infalible y que no siempre fue así; sino que su carácter evolucionó a lo largo de cuatro películas; en las que el personaje estaba colmado de dudas, miedo y desprecio a sí mismo. Sin embargo, cuando tiene que demostrarlo, en su trabajo, está calmo y confiado. Esa es una lección que podemos aprender y aplicar en nuestras vidas cotidianas: Cuando la competencia es feroz, la presión es alta y debemos demostrar lo que valemos, habría que mostrarse tan confiados como Bond.

Aceptémoslo: todos pasamos períodos en los que tenemos dudas, carecemos de la confianza necesaria porque perdemos la fe en nuestra habilidad para desenvolvernos. Otras veces, la falta de seguridad se debe a algún evento traumático del pasado que nos dejó un sabor a fracaso y nos desequilibró. Hay ocasiones en las que, la falta de confianza puede provenir de un traspié en nuestra carrera, tal como la pérdida de un empleo, o porque enfrentamos desafíos nuevos que nos sacan de nuestra zona de confort. Sea cual fuere la causa, es importante que apliquemos lo que denominé “El Protocolo Bond”: entrenar y desarrollar la confianza para aplicarla cuando más falta nos hace.

¿Cómo ejercitar la auto confianza? Aquí algunas tácticas:

  • Competencia = seguridad: Ser diestro en algo, o hábil en muchas áreas, refleja nuestras capacidades e impacta en la seguridad que proyectamos. Recordarnos que somos competentes ayudará a mejorar nuestra actitud. Jamás olvidemos que todo se aprende y la confianza es algo en lo que también debemos educarnos. No nacimos sabiendo y, como todo aquello que fuimos aprendiendo, seguramente cueste al principio. Ayuda que uno recuerde momentos en los que fue exitoso o estaba haciendo lo que mejor sabía hacer, luego, una vez creada esa imagen de seguridad, proyéctela hacia otros.
  • Vístete “para el papel”: Bond no sería Bond sin su fino reloj o sus caros y elegantes trajes hechos a medida. No hay dudas de que nuestra imagen habla por nosotros mucho antes de que podamos pronunciar palabra. Todo, desde el lenguaje corporal, la postura, las expresiones, el tono y la forma de dar la mano, son indicadores de la confianza que proyectamos. Usa la tecnología que tienes a mano para grabarte y analizar la imagen que transmites. Déjate un mensaje en el contestador como si hablaras con alguien más. Fílmate hablando como lo harías cotidianamente y analiza tus gestos y lenguaje corporal ¿Logras verte seguro y confiado?
  • Finge hasta creerlo: Mostrarse confiado sin sentirse confiado es posible. Hay muchísima gente que siente nervios o incluso que podría desmayarse antes de hablar en público, pero logran disimularlo y nadie lo nota. Una estrategia que suelen emplear es abstraerse de la situación: usar un refuerzo positivo para trasmitir seguridad; para algunos sirve repetir frases célebres, mantras, oraciones o incluso canciones para proyectar una imagen de confianza y optimismo que, quizás, no estén sintiendo.

Puede que no todos los aspectos del Protocolo Bond puedan aplicarse en un trabajo, pero, la capacidad de Bond para salir airoso en cualquier momento, sin dejar de transmitir confianza y seguridad, (aún cuando no está física o emocionalmente en su mejor momento), es una lección que todos podemos aprender y aplicar en nuestras carreras.

Fuente: Joanne Layne – Change Management Practice Lead at Lee Hecht Harrison

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