nota922

“Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos.”, Martin Luther King

En la oficina, en la facultad, en nuestra actividad personal convivimos con personas de distintas características. Las hay quienes nos quieren bien y nos aconsejan con sus errores y defectos, pero las hay también las que usan el disfraz de corderito para llevar adelante sus planes personales.

A nadie escapa que esto es un problema serio porque a veces involuntariamente participamos de un complot, al que accedemos para salvar a la “víctima”, que copta nuestra voluntad para sus propósitos.
Otra situación típica de manejo es la culpa. A veces a través de comentarios absurdos en los que uno pospone sus acciones en pro de no “perjudicar” a otro.

El refrán lo dice “Cuando la propina es grande, hasta el Santo desconfía”, ante excesos de alabanzas y aplausos, abrir bien los ojos sobre los propósitos que están alimentándolos, la desconfianza a veces nos ilumina.

Y atención a la reacción cuando se toma distancia, porque la frustración de la “ofensa” puede ser dolorosa, impactar en nuestros puntos sensibles.

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