Estrés, un concepto que a todos nos es familiar. Estudios recientes sugieren que el 50% de los oficinistas sufren estrés en el trabajo. ¿Pero todo estrés es malo? ¿No hay «buen» estrés?

Responder esta pregunta primero requiere diferenciar entre dos tipos de estrés. El primero surge de una reacción a presiones externas: un mercado cada vez más competitivo, no poder alcanzar los objetivos, o no formar parte de proyectos importantes. Es el claro concepto que se nos viene a la mente cuando hablamos de «situaciones de estrés», y nuestras ideas sobre lo que es estresante son bastante generales.

El segundo tipo de estrés surge de las presiones internas, aparece cuando nuestras expectativas no coinciden con los resultados alcanzados, o cuando el contexto no nos permite actuar de la manera que nos gustaría. A diferencia de las situaciones de estrés exterior, lo que uno considere agotador no siempre coincide con el concepto de otra persona. Por ejemplo, para algunos, compartir la jornada con un compañero de equipo que es demasiado cerrado podría ser muy estresante, mientras que para otra persona, tal vez sea un buen escenario para trabajar tranquilo.

Estrés bueno

Sí, el primer tipo de estrés es bueno porque puede tener un impacto positivo en la productividad. Hace tiempo, los psicólogos han demostrado que muy poco estrés externo provoca estancamiento, mientras que una cantidad moderada de estrés optimiza el rendimiento. Mientras tanto, demasiado estrés puede inmovilizarnos. Este concepto llevó a John Kotter a su expresión «la gama productiva de angustia.»

Estrés malo

Pero no puede decirse lo mismo de la tensión interna. Cuando el entorno no cumple con nuestras necesidades básicas, la tensión resultante es destructiva y tiene un alto costo; a uno, y a quienes nos rodean. Si nos negamos a las necesidades más básicas, perderemos el foco en la tarea en cuestión; podemos volvernos rígidos y tal vez nos cueste más luchar por llegar a una solución productiva. Por estos motivos, la tensión interna debe ser resuelta lo antes posible.

Si hay un rastro de esperanza para el estrés malo, es que por lo general es bastante obvio; y por lo tanto, alerta a todos de que algo está mal. Enfóquese en reconocer aquellas pistas de que está empezando a estresarse, y tome los recaudos necesarios para que no suceda.

Si está construyendo un equipo de alto rendimiento, la respuesta entonces es doble: 1) Regule el calor en altas temperaturas y bajas en la presión externa, para mentener a los colaboradores dentro de la gama productiva de la angustia. 2) Mantenga el ojo de águila en los síntomas de tensión interna y actúe rápidamente para que no se generen daños entre los miembros del equipo. Si usted no puede hacer frente a las causas de los momentos de tensión, su negocio va a sufrir. Identifique cuanto antes los problemas y resuélvalos para que el equipo vuelva a la productividad.

Por Liane Davey

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