Las reuniones son necesarias pero quien convoca tiene que tener definido los objetivos básicos:
¿Porqué?, ¿Para qué?, ¿Quiénes?

Toda reunión tiene costos internos. Por ejemplo:
Después de una reunión, la realidad es que para muchas personas el regresar al estado de productividad y concentración, sí toma su tiempo.

Así, hay muchos colaboradores resignados que utilizan una reunión para seguir perdiendo el tiempo durante el resto del día. Una junta que no tiene un propósito definido, y a la cual no deberíamos de haber asistido desde un inicio, sí puede llegar a arruinar por completo un día que tenía todas las intenciones de ser fructífero.

Muchas veces se cree que para lograr “algo” es imprescindible convocar a una reunión, aun cuando saben que si el objetivo realmente se cumpliera adecuadamente no habría necesidad de seguir convocándolas periódicamente y por cualquier tema.

Lo antedicho nos lleva a definir estos cuatros conceptos que validan la convocatoria a una reunión:

1. No existe la definición de al menos un motivo impostergable
2. No es necesario hacer uso del celular
3. No respetar el tiempo de los demás
4. Falta de un buen cierre

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